Pasamos de la tierra a la lluvia
En esta ciudad inhóspita,
De jardines atrincherados en el cemento
Y estatuas de carne y hueso. En esta
ciudad,
Lugar por donde coinciden nuestros
labios.
Llegas con el tiempo apuntando a tu
sien
Mientras envejecemos por el frío que
no merecen nuestros sueños.
No dices, callas, duermes, silencias el
día,
Quizás al borde de una nostalgia
por el ser humano que jamás fui,
que nunca estuvo entre mis manos
desequilibradas.
Al borde del precipicio del que no
acerté a regresar.
Yo, con paso de derrota, escribo mi
historia,
Es más precisa, tiene ritmo decimal:
cuando grito,
Piensas. Nunca nos traicionamos,
Sólo nos dejamos devastar por el mar.
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