Subo al tren en la tercera parada,
Asumiendo el rostro
desconocido
Con el que desperté saqueado por tu silencio.
Las espigas se suceden,
Como una voz que se distancia en el recuerdo,
Extrañas entre los pasos
abandonados
De ausentes transeúntes por vidas inútiles,
Cubiertos con palabras de plomo.
Mientras miro el principio de todo,
El principio de toda
causalidad:
Tus labios que transforman palabras en besos,
que deletrean malgastadas noches perdidas.
Utilizan piel y cuerpo, y callan.
Eramos perfectos unos años
atrás,
Con barricadas en el pecho
Y las suelas de las botas sucias de futuro,
Errantes como el
humo de los árboles,
Malvados contra los malvados,
Jugando a existir como frutos de andamios.
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