El riesgo es sencillo, casi inevitable,
Ahorcarse al entregar los ojos a la luz
Entre las primeras farolas de la noche.
Distraído y borracho, sin horario fijo,
De este modo construía la vida
En esa ciudad incierta de nombre impropio,
Con sus muebles incendiados
Y los cines, apresados por el polvo,
Bajo amenaza de derribo.
Por aquel entonces costaban las sonrisas,
Desiertas en estas calles abiertas al invierno.
Apostar sólo requería cerrar los ojos
Y apoyarse en las escaleras del metro.
Ni tú ni yo comprendíamos aún las muchas derrotas
Que iban a derrumbar los días
Contra nuestros cuerpos endurecidos
Y a dejarnos las manos cicatrizando muerte,
Con un raudal de huesos para acariciar.
01-08-04
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