Una tarde,
cuando al fin aparezca ya
anciano
por la puerta de tu casa,
me desnudaré. Será
ante los ríos secos que
deambulan por tu boca
y uno por uno, como si
fuesen hojas
en un otoño navegando por
el Volga,
encontraré entre las
cenizas
todos los recuerdos que
tuve que tener.
Regresaré sobre las
pisadas de mis manos,
labrando los ritos paganos
que una vez me acercaron a
tu piel.
Abandonaré abril,
emprenderé la huida a
esos recuerdos
que fueron míos y nunca
llegaron,
quizás cansados de las
cicatrices
de una guerra civil que no
se remueve
en los vetustos libros de
Historia.
Será un jueves o tal vez
es que ya no recuerdo ese
día por su nombre
y sólo me queda de él su
tierra,
su mañana lenta posada
sobre mi cuerpo
su luz entrando en la
mañana,
la forma de desalentar los
muros de mi casa.
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