martes, 29 de enero de 2013

La torpeza de los recuerdos


Una tarde,
cuando al fin aparezca ya anciano
por la puerta de tu casa,
me desnudaré. Será
ante los ríos secos que deambulan por tu boca
y uno por uno, como si fuesen hojas
en un otoño navegando por el Volga,
encontraré entre las cenizas
todos los recuerdos que tuve que tener.
Regresaré sobre las pisadas de mis manos,
labrando los ritos paganos
que una vez me acercaron a tu piel.
Abandonaré abril,
emprenderé la huida a esos recuerdos
que fueron míos y nunca llegaron,
quizás cansados de las cicatrices
de una guerra civil que no se remueve
en los vetustos libros de Historia.
Será un jueves o tal vez
es que ya no recuerdo ese día por su nombre
y sólo me queda de él su tierra,
su mañana lenta posada sobre mi cuerpo
su luz entrando en la mañana,
la forma de desalentar los muros de mi casa.

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