Casi sin prisa regreso a
tu rostro,
Imagino las heridas que
deambulan por tu piel,
Tus viejas calles raídas
por la lluvia
Que se amuralló cercando
nuestras palabras.
Cerramos esos primeros
días dormidos
Quizás, para no recordar
nada de lo que nos esperaba,
Para atropellar a los
fantasmas que pueblan los jueves.
Hemos caído borrachos,
desabrochando pechos,
desobedeciendo las leyes
que nos palpitaban en las muñecas.
A contra pie trazamos
rostros como hogueras,
hemos escupido angustia
sobre tiranos de mármol
y sin embargo, nunca
alcancé tu mano.
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