Soy tan viejo como los
principios acabados,
vetusto, inquieto,
desangrado por los ojos.
Con mis manos alzadas en
guerra,
con mis pies persiguiendo
caminos,
ahorco los días de negras derrotas.
Vengo de las tabernas,
sucio de gentes y miradas
que cabalgan sobre
tristezas
y preguntan por amores
perdidos.
Bebo de ti, del amanecer
silencioso,
no pretendo llegar a
ningún sitio,
si acaso a alguna palabra
de tu boca,
a las sonrisas de tus
primeros ojos
cuando ya reposa la noche
por estas viejas calles.
Bebo de la rabia, de las
danzas de los orígenes,
no aspiro a responder por
ningún nombre,
si acaso al latido de mi
desierto pecho,
a los pedazos de aire
tibio de nuestras casas
cuando ya reposa la noche
por estas viejas calles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario