El tiempo me habita sin
destino,
nombro los fragmentos que
quedan
de la noche pasada
manchado de vodka y
rostros vacíos.
Acostumbrado como estoy
a deambular por diciembre
buscando saldo para mis
viejas fotografías,
te espero en brazos de
cualquier borrachera.
Los cines y las fábricas
han cerrado,
no queda nada de nosotros,
ni siquiera una silenciosa
tristeza
a la puerta de casa,
cuando
cierras la vida y sientes
el agua
tratando de arrastrarte a
golpe de murmullo.
Ayer fue el principio de
todo
y a media tarde sólo nos
quedaban recuerdos.
Empiezo a ser torpeza,
a buscar el equilibrio en
los labios,
a creer que son inéditas
estas viejas preguntas.
Déjame mancharme de
errores
y batallas perdidas.
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