No temas al tiempo
no siempre parte para no
regresar,
aún puedes mover los
párpados y los dientes.
Los días sucios y
etílicos,
las sábanas usadas y
delgadas
como esqueletos en ruinas
aún nos ofrecen calor.
Las viejas trincheras de
las mañanas
donde defendías tus
heridas profundas,
están ahí, cruzando
entre tus dedos.
Mírate a los ojos
y sacude el polvo invernal
de los besos.
Yo te atribuyo todas las
cosas extraordinarias
que han existido, desde el
vodka hasta la muerte.
No te descuides, no huyas
a otra ciudad,
no apagues la luz, no
corras,
regresa a los bares, a las
plazas, a las decepciones.
Quédate mirando la
tristeza,
amárrate a los puños de
esta casa desconocida,
esos libros esperan que te
amontones con ellos,
esperan por ti, yo lo leí
en sus letras.
Si tan solo somos hombres
y mujeres rotos
asomados al precipicio de
vivir,
¿por qué huir?
¿por qué desertar de
otra derrota?.
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