Hoy tuve las manos
ocupadas en la tristeza,
sobre tu ausencia,
en las piedras que cubren
tu cuerpo.
A puñados de rabia
desbrocé
la tierra que sobre tu
sombra
me cubría de olvido.
Préstame tus ojos,
hazme grande en tus
palabras,
vuelve a la vida
como los obreros a las
viejas fábricas.
¿Acaso no ves mis ruinas,
mis desgastadas sonrisas
de invierno?
Tú, sigues ahí, inmóvil,
hecho primavera o
regresando
en las aguas de los ríos.
¿Acaso no ves mis
gritos?,
¿Acaso no escuchas mis
silencios,
mis palabras buscándote
entre la tierra?
Dame esas piedras que
cubren tu rostro,
las haré fuego entre mis
dientes,
serán las balas que
atraviesen a nuestros enemigos,
el último verso, la
primera vez
que tengamos una
revolución.
No hay comentarios:
Publicar un comentario