La leyenda de la cueva de Marnero (Voto).
Esta leyenda fue documentada por el arqueólogo Virgilio Fernández en la década de los ochenta en un pueblo de la Junta de Voto, y el narrador era un joven de la zona. Fue publicada en el boletín cántabro de espeleología.
En aquella zona y en aquellos tiempos nadie desconocía que los ojáncanos vivían bajo tierra, bajo el refugio de la oscuridad de las cuevas húmedas y frías. Los actores de la zona eran temerosos de que sus vacas, sus ovejas y sus cabras cayeran dentro de ellas. Un buen día a uno de esos pastores se le perdió un cordero y llamó a su hijo para que entrara en la cueva a rescatarle. La entrada era angosta, muy estrecha y en pendiente vertical. El joven encontró el cordero pero cuando estaba saliendo comenzó a gritar horrorizado y a pedir ayuda y tendió la mano a su padre. Padre súbeme!, sáqueme de aquí, que me comen, que me comen y estas fueron las últimas palabras que su padre le escuchó. Fue incapaz de ayudar a su hijo y después llegó el silencio, el frío y la ausencia. El joven nunca regresó de la cueva.
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