La leyenda de San Pedro y los marineros cántabros en Tierra Santa. Recupero una vieja leyenda marinera de la tradición oral cántabra recogida por Manuel Llano. Allá por el año 1931 un viejo marinero vagaba con sus huesos cansados por el puerto de Laredo relatando a todo aquel que le prestaba oídos y atención la vieja leyenda de San Pedro y las destrezas de los marineros cántabros. Entre sus descuidadas barbas taheñas y sucias del humo del tabaco y el salitre marino, el viejo dejaba escapar las palabras como ráfagas tímidas de viento. Y era ese viento marinero quien relataba como San Pedro pasó sus días entre el puerto y la Puebla Vieja de Laredo antes de seguir el camino de las enseñanzas de Jesucristo. En esos días grises y lluviosos del Cantábrico enseñó las artes de la pesca a los marineros del puerto de Cantabria, especialmente los secretos de la pesca del besugo. También cuenta la leyenda que el apóstol puso sus manos sobre uno de ellos, en su lomo, muy cerca de la cabeza y desde entonces sus dedos quedaron grabados para siempre jamás en todos los especímenes de ese animal marino. Las marcas tan peculiares de ese peje no son sino la huella del pulgar y el índice del patrón de los pescadores. Cuando hubo finalizado sus enseñanzas puso rumbo hacía Tierra Santa, era por entonces un mes de mayo y un día olvidado, y con él se llevó se llevó la compañía para tan largo viaje del mejor de los pescadores cántabros que se convirtió en el primero en tirar sus redes en aquellos mares lejanos y arrancar a las aguas sus frutos.

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