La aspiración de la -j como seña de identidad de los montañeses según José María de Pereda. Extracto de su informe sobre el dialecto montañés para la Academia de la Lengua. Por cierto, el escritor costumbrista destilaba odio clasista hacia el cántabru y hacía los cántabros. La -j aspirada nos define, nos enraíza a la tierra, al pasado, nos da, en definitiva, juerza.

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