Otra vez el mismo maldito sentimiento. Esto ya lo habíamos vivido con Chavez primero y luego con los ejemplares Fidel y Julio. Ahora eres tú, Diego, quien nos deja este vacío que no sabremos como llenar. Otra vez nos invade este sentimiento de orfandad porque contigo, Diego, sabíamos que la mano zurda de Dios jugaba con nosotros, los nadie, los siempre perdedores.
Eternamente aplaudiremos como sorteabas ingleses en aquel campo que todos sabemos que no era de fútbol sino de batalla y que estaba en las Malvinas. Porque los tuyos, es decir, nosotros, no osaremos jamás en dudar de la legalidad de esa mano de Dios que no metió un gol sino que hizo justicia.
Tus carreras de genio por la banda era la plasmación de la dialéctica entre ricos y pobres y con ella ganábamos siempre. No he admirado a nadie nunca pero si estuve cerca de hacerlo fue a Diego q fue la mayor estrella del mundo y prefirió ser humano con sus defectos pero tb con sus virtudes, sin renunciar a quien era. En la cancha y fuera siempre zurdo, siempre comunista con el Che, Fidel y Chavez.
Como el Che eras argentino, cubano, latinamericano y revolucionario universal.
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