Fragmentos
de ojos y de casas
cruzan
este invierno de afuera a dentro,
como
un grito desesperado contra si mismo.
Salen
de los relojes horas muertas
como
sonámbulos golpes cotidianos,
llenos
de silencios en flor.
Las
viejas ruinas de los cines
rumian
su polvo arqueológico en un lunes eterno,
presas
en las miradas cruzadas de desconocidos.
La
tierra me espera, me recoge en su mano,
me
agita en los barrios obreros que negaron su nombre,
me
esconde entre la maleza de trenes que nunca partieron.
Corro
dentro de mi pero todo está cerca,
las
ausencias, las calles heridas por la crisis,
los
inevitables monstruos que amo.
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